Que tu reino venga pronto.
Que se cumpla tu voluntad en la tierra como se cumple en el cielo.
Mateo 6:10 (NTV)
Un reino, a pesar de ser un sistema de poder de uno sólo, no
significa que en la conquista o defensa, sea una sola persona la que entre en
acción.
Lo que si significa es que el diseño de conquista viene de una
sola mente, la del Rey.
Hombres que se dicen voceros, profetas, maestros, pastores,
o no sé de cuántas maneras, se han autonombrados dueños de una nueva revelación.
Desde que los conozco, y a sus “nuevas” revelaciones, veo gente que le da la
espalda al Rey.
Veo círculos de iluminados que se miran entre ellos, sintiéndose
en el centro del universo. Dando la espalda a los que necesitan conocer la
buena, agradable y perfecta voluntad de nuestro Padre.
Vino la alabanza y adoración en los ochentas, para llenar
templos y estadios, pero no se aprovechó para construir un tabernáculo según
diseño del cielo para que los hombres se encuentren con Dios y para que los
cielos se abran.
Vino la experiencia de un hombre, la unción, y no se
aprovechó tal empoderamiento para ser testigos de lo natural que es lo
sobrenatural en el cielo. Una glotonería de festejos privados de un poder
conferido para hacer público El Reino.
Vi la guerra espiritual ejecutarse, para ganar ciudades,
pero no se invadió, aprovechando la limpieza en la atmósfera, predicando según el
loco diseño del evangelio. (Sabiendo que el original de predicar, kerigma, no
es más que un tipo de oratoria, la proclama).
El diseño sería algo así, según mi humilde opinión.
Adoradores abriendo
el cielo; una Iglesia empoderada en la unción del Espíritu Santo; guerreando y
limpiando la atmósfera a ganar; y todo para que se proclame verbalmente el
evangelio.
¿Está mal adorar? No, en absoluto. Será una actividad eterna,
que la practicaremos por siempre y siempre.
¿Esta mal buscar ser ungidos?, ¡para nada! Pero sepamos que
no es solo para nuestro regocijo, es para empoderarnos para testificar. Además eternamente
fluiremos en esta unción, pues la eternidad será iluminada por su gloria.
¿Está mal guerrear y hacer actos proféticos para ganar
ciudades? No, y por experiencia se que es muy efectivo, siempre y cuando sepas que las ciudades se componen de personas, a
las cuales es necesario que alguien les hable (Romanos 10:14), porque el oír provoca fe (Romanos 10:17), no el
aceite y las estacas.
Pero para que la realidad celestial sea impregnada en este
medio terrenal, debemos sumar gente, parir gente, ser padres espirituales.
Y el método divino es predicando, proclamando, ejerciendo el
poder de generación espontánea del Creador, que nos fue impartido por su
Espíritu, diciendo y creando como en el Génesis.
Entonces Dios dijo: «Que haya luz»; y hubo luz. Génesis 1:3 (NTV)
Y decir en hebreo es: afirmar, anunciar, avisar,
contar, convocar, contestar, decir. ( strong H559)
El método es hablar. Y
para ver la realidad celestial hoy debemos adorar, investirnos de su poder y
unción, y fluir en lo apostólico y profético, con la revelación de la paternidad (Malaquias 4:5-6), predicando oralmente y, así, viendo lo sobrenatural fluir naturalmente.
Hablemos, declaremos,
prediquemos, que es lo que nos han encomendado en esta tierra, porque solo acá
lo haremos. En la eternidad seguiremos adorando, llenos de su gloria y
gobernando junto al Padre. Pero la locura del evangelio, nos toca ejercerla
ahora.

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