Otro que veo con una actitud equivocada, pero con un deseo claro en su corazón, era Moisés. Me imagino lo impartido por su madre a este niño, mientras oficiaba de falsa nodriza. Sin vivir el injusto trato del imperio a su numeroso pueblo, seguramente lo angustiaba, y más por su situación privilegiada. Lo quiso resolver por mano propia, y lo hizo muy mal. Asesinó a un egipcio.
Al primero, en la carta a los Hebreos, se lo describe como un hombre "sujeto a pasiones","...con debilidades como las nuestras.","..tan humano como cualquiera de nosotros...". Pero continua describiendo como fervorosamente oró a Dios y no llovió por más de tres años.
Al segundo, se lo describe como el más manso de su generación, el más humilde. (Acoto, la misma palabra en hebreo que describe el asesinato del egipcio, es la que se traduce como que golpeó la roca, un golpe agresivanmente mortal). Pero estuvo tan cerca de Dios, que la genética de su cuerpo, visible en su rostro, mutó hacia un fluorescencia celestial.
Otro que me sorprende, es Saulo, un asesino autorizado, derribado por Dios. Un petizo que daba miedo. Inquisidor y legalista judío.
Motivación equivocada, celo necesario.
Dios vió corazones para tallar y forjar. Dios vio un carácter indómito, que encausado era irrefenable e invencible, aún despues de la muerte.
De los dos primeros, vemos el cambio en que, Jesús mismo, los citó a una junta sobrenatural en la transfiguracion. Ya no eran lo que fueron, pues pasaron por las manos del alfarero, y vivieron despues de la muerte, para ver lo que los movilizó sin ver. En cumplimiento a esta palabra que,
"Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios." ( Mateo 5:8 - NTV)
¿Y Pablo?
Hace catorce años fui llevado hasta el tercer cielo. Si fue en mi cuerpo o fuera de mi cuerpo no lo sé; sólo Dios lo sabe. (2 Corintios 12:2 -NTV)
Y hoy Dios sigue viendo lo que vamos a ser. Nuestro Padre, en una semilla que entra en la cabeza de un clavo, ya puede ve un tremendo árbol que cobija a la vida que lo rodea.
No nos miremos en nuestro espejo, veámonos en los espejos del pasional Elías, o del calentón Moises, o en el del asesino Saulo. Y pronto veremos al Salvador, y muy pronto veremos al Cielo en nuestras vidas.

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