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jueves, 3 de julio de 2014

Cualquier número multiplicado por cero da cero ( Menos en el cielo)



Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño; porque en el sepulcro, adonde te diriges, no hay trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría. Eclesiastés 9:10 (NVI)

Esto parece un buen consejo. Pero habla de algo que suena imposible. Me imagino haciendo malabares para hacer “todo”, y encima con empeño.
Pero tranquilo, no dice todo, dice todo lo “que te venga a la mano”.
No cualquiera llega a mis manos. Y no todo lo que veo llega a mis manos (y eso en momentos de debilidad, me llega a angustiar).
Algunas veces supe que lo que tenía en mis manos no alcanzaba para nada. Otras pocas, superaba mis expectativas.
Pero en ambos casos, aprendí a ponerle empeño, y no porque mi carácter o personalidad tiene esa naturaleza, todo lo contrario. Mi papá me tildó, en mi adolescencia, como “el rey de los fascículos uno”. Mi biblioteca estallaba de colecciones inconclusas. Pero cuando conocí al Señor, empecé a entender que sea poco o mucho lo que tengo para hacer, tengo que hacerlo con ahínco y hasta el fin.
Pero muchas veces cansa, agota. Ves a alguno que, con los recursos necesarios, hace lo que uno quiere hacer y, esto, con menos esfuerzo y más resultados. Y uno no es Kung fu viste, soy más humano que muchos; tengo mis agachadas y mis falencias.
Hasta ahora veía un milagro matemático en mis fuerzas, que no es poco. Porque cuando tenía cero fuerza, el Creador la multiplicaba (cero fuerzas X 1000= cero fuerza, pero para Dios no es así -Isaías 40:29).
Pero recién en este último tiempo, estoy viendo un cambio en lo que llega a mis manos. Sorprendentemente se multiplica.
No te voy a contar puntualmente cada caso, pero te voy a decir una verdad que liberó mi vida.

 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.
   S. Juan 6:11 (RVR 1960)

No se multiplicó al momento en que Cristo dijo amén. Se los da a los discípulos, y mientras se reparte, alcanza y sobra.
Jesús  bendice lo que no alcanza, lo pone en tus manos, y en el servicio a Dios y al prójimo, se multiplica.
Si Dios hizo que algo venga a tus manos, y es poco, encará la tarea como si tuvieras mucho, porque bendecido por Jesús, va a alcanzar y sobrar para hacerla.


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