Además me imagino lo henchido de su pecho de orgullosa sapiencia. Andaba por el barrio caminando con su palo largo, con cara de Rambo y le dice a cuanta bella dama se cruza «¿querés que te mueva esa piedrota nena?»
Pero la realidad es que no hay punto fijo en el universo, está todo flotando. Eso, desde esos primeros pasos de la ciencia, generaría una ansiedad filosófica por no encontrar una respuesta fundamentada en el método científico. Y tanto esfuerzo científico, que al día de hoy, y a través de la física cuántica, están encontrando claras evidencias de la existencia de Dios, están empezando a encontrar en la creación al Creador.
Viviendo en la zona sur del conurbano bonaerense, y teniendo información de que las napas están a menos de un metro de profundidad, cada tanto me entero de como es socavada la tierra bajo los cimientos. Dos por tres un piso se hunde para evidenciar un vacío bajo las baldosas. Pero como no lo vemos, no nos importa. Estimamos firme y sólido un fundamento, para no pensar en los castillos de naipes en que habitamos.
Negar y racionalizar es la estrategia de nuestra mente. Tomar teorías como verdades absolutas. Y de pronto nos traga un vacío tenebroso, y decimos que el culpable es Dios.
Y lo menos sólido, nuestro dolor, nuestra frustración, se vuelve más sólido que el concreto mismo.
No podemos atacar esa pesada roca con la endeble realidad natural. Así como la palanca se volvió inútil, por no encontrar un punto fijo.
Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo.Juan 14:27(NTV)

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