A veces lo
incorrecto tiene apariencia de correcto, y lo aparentemente correcto es inequívocamente
errado. Y en estas argumentaciones falsas, juega mucho la moralina y
sensiblería de novelas. Creemos que debemos hacerlo así porque es lo moralmente
correcto, pues Robin Hood lo haría así,
y si le preguntamos a Gandhi, ni te cuento.
Y en esa idea distorsionada de la
realidad, hasta a Jesús se desdibuja en su carácter. Y creamos situaciones de
ineficacia y resultantes paupérrimas, donde no tiene realmente que ser así.
Por ejemplo,
si vemos una simple situación, veamos las posibles variables de un hecho bíblico.
La Iglesia
crecía, y los apóstoles, desde la época corpórea de Jesús acostumbraban atender
a la gente y servirle, dejando al Maestro tranquilo en la ministración de la
palabra. Pero Cristo no estaba entre ellos, y ya no daban abasto. Hacían agua,
tanto que llegó a perjudicarse el ministerio de la Palabra. Y esto era grave. Una
palabra, si viene de Dios, no es sólo eso; es un argumento de justicia que
transforma personas, y no se debía descuidar. Y esto lo sabían los apóstoles,
personas transformadas por las palabras de Jesucristo, su Maestro.
¿Pero dejar
de servir a la gente no es moralmente errado?. Un cristiano debe servir.
Sí, pero
tiene que ser efectivo y productivo en lo que le fue encomendado.
Un micrófono
inalámbrico debe amplificar la voz. Pero debe estar conectado para funcionar, y
estar en su rango de alcance, sino no será útil.
Y se ve que
esto les estaba pasando a los padres de la iglesia primaria.
En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.Hechos 6:1 y 2 (RVR1960)
Esta convocatoria no fue por revelación, estimo que servían las mesas y no era una carga en si misma. Pero esto consumía tiempos que debían ser utilizados para otra cosa. LA iglesia no nació en el poder del servicio, nació en el Poder de la Palabra, Con su primera manifestación en el hablar en lenguas repartidas sobrenaturalmente y por un inmediato, y consecuentemente valiente mensaje que trajo a unos primeros miles a los pies de Cristo.
El mensaje ( KERIGMA) era el fundamento de la transformación que revolucionaría el mundo hasta hoy.
Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.
Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
Hechos 6:5- (RVR1960)
¿Y qué pasaría si seguían sirviendo los apóstoles?
Sin Esteban, Saulo no sería Pablo, y la doctrina que rigió a la Iglesia,
no estaría.
Sin Felipe, no habría testimonio de algún evangelista en la Biblia, pues
es el único. Y sin este ministerio, un eunuco estaría sin creer, y Samaria estaría esperando la Justicia de
Reino.
Sin Nicanor, según la tradición, Chipre no habría escuchado el
Evangelio.
Sin Timón, Berea y Corintios se habrían perdido ver el milagro de un
cristiano saliendo ileso de la hoguera, para verlo agradecido clavado en una
cruz por sufrir la misma muerte de se Maestro.
Sin Parmenas Asia no habría escuchado lo que Dios depositó en él
Sin Nicolás, no sabríamos que un griego era considerado un igual en la
iglesia judía..
Según la tradición Prócoro fue obispo de Nicomedia, primer lugar donde
el Cristianismo fue reconocido como una religión legalmente permitida.
Y estos hombres fueron para edificación de los santos.
Queremos una iglesia funcionando en el diseño del Reino. Que la Palabra
y el mensaje kerigmático no sea obstruido por el servicio. Y que el que sirve
no sea detenido, pues son el Ministerio de la Iglesia, para que lleguemos a ser
como nuestro Salvador.
Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo. Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.Efesios 4:11-13 (NTV)

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