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lunes, 12 de mayo de 2014

HOY PREGUNTO






Los que pasamos en los noventas por alguna congre pentecostal, no pudimos hacerlo sin cantar, o tararear el coro que reza así:
♫♫El hombre de Galilea va pasando; va…♫♫
 (Además es de esas canciones que con escucharla se te pegan a full)
Ya desde su primera infancia fue llevado hacia esta ciudad al norte de Israel; José, recibió revelación por sueños de refugiarse en esta ciudad al resguardo del infanticida de Herodes.
Y así vemos una recurrencia en el Maestro de ir hacia esta zona, dónde se encontró con sus discípulos, y fue también, en esta zona, a dónde volvió al enterarse de las penurias de su primo Juan el Bautista.
Y no es un dato menor el saber que fue aquí donde muchísimos de sus milagros fueron dados a luz.
Y era tan notorio su paso por esta región, que cuando entró encolerizado al templo, sus contemporáneos lo reconocieron como “el profeta de Nazaret de Galilea”.
Es más, si existiera el fútbol en esa época, ya sabríamos de que club sería hincha; del “Galilean football club ”.
Y si decimos, y cantamos que queremos seguir los pasos del Maestro, ¿ No nos deberíamos preguntar el porqué de la recurrencia a ir hacia este lugar de la periferia israelita?
Para empezar veamos que significa Galilea. Es una palabra de origen hebreo que habla de un “círculo pagano”.  Ya en las profecías Dios la llama “Galilea de los gentiles”. Era un punto de transferencia comercial con los no judíos, y estos eran considerados como “perros” por los religiosos hebreos.
Lo lógico sería que un Rabí, que se precie de tal, se mantenga en la iluminada Jerusalén, lugar de la pureza racial y espiritual, libre de la contaminación gentil. Pero no era el caso de este israelita de Belén.
Es más, en su entrada a Jerusalén, le habló a ella así:


 »¡Oh, Jerusalén, Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas y apedrea a los mensajeros de Dios! Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina protege a sus pollitos debajo de sus alas, pero no me dejaste.  Y ahora, mira, tu casa está abandonada. Y no volverás a verme hasta que digas: “Bendiciones al que viene en el nombre del Señor”.  (Lucas 13:34-35  NTV)


“NO ME DEJASTE”… en otra versión dice, “NO QUISISTE”.
Hablamos de una ciudad determinada por Dios mismo como centro de su gobierno eterno. Pero en ese momento, no. Jesús la describe como una ciudad ególatra y asesina. Debe entrar en proceso. Y de lo que era, será lo que Jesús dice que será.
Es más, Jesús nace cerca de esta ciudad, nace en belén. Pero sus pies lo llevaron más hacia Galilea.
¿no te hace ruido esto?, será que tenemos que dejar la iluminada “ciudad de Dios”, y adentrarnos en las profundas oscuridades.
Cuando Jesús te dice que sos luz, lo afirma, ¿no te parece ilógico el planteo de que la luz conviene ponerla en alto para que ilumine y no debajo de la mesa?
¿o será que los ilógicos somos nosotros que nos quedamos donde la luz sobra y no somos necesarios?
El otro día en una clase sobre adicciones, nos contó como una vez a la semana van al perímetro de un cementerio, donde viven adictos en tan mal estado, que tienen como mascotas a enormes ratas. Les llevan alimentos, y un mensaje de salvación en Cristo. Uno de mis compañeros levanta las manos y pregunta acerca del resultado que les da tamaña tarea, a lo que responde: “- el año pasado pudimos rescatar a un chico y una chica solamente.”.
¿Tamaño trabajo para tan solo dos?
Si, si por uno hay fiesta en el cielo, imagínate el fiestón que hubo por dos.
Y si participaban más yendo a esta “Galilea”, por regla de tres simple, se hubieran salvado más.
Por eso seguimos rogando por más obreros, “Galileas” sobran.

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