La diferencia entre el evangelismo personal en tu “lugar
de pesca” y el evangelismo corporativo de la Iglesia es el tiempo. Frente a un
encuentro ocasional en la calle, es urgente presentar el mensaje de salvación,
tal vez nunca más veamos a esta persona; en cambio a un compañero de trabajo lo
veríamos mañana.
Es por eso que podemos darle, a la persona que comparte
con nosotros, la oreja. El encontrar alguien que te escuche, en este mundo que
se mira el ombligo, es una rareza. Y abriría puertas de confianza para
aconsejar respetuosamente con la Verdad que libera. Igual podés ser rechazado,
pero como Hijo del Creador, debes hacer llover sobre justos e injustos (Mateo 5:45). Y esto
también sorprende, pues nadie hace algo sin esperar nada a cambio. El evangelista
personal solo obedece en la siembra, es un obrero funcional al mandato. No es
más que eso. Pero para lograr salir del egoísmo natural del ser humano, precisamos
haber pasado por el nuevo nacimiento y entrar en un proceso sobrenatural, para
ser como nuestro Padre celestial. Y esto es un proceso de fe, y como la fe es
acción, y “el movimiento se demuestra andando, pues andemos”, como hijos de
luz. Y algo que cambió mi actitud en mi cotidianeidad con respecto a compartir el evangelio a mi entorno, fue el hecho de participar en "evangelismo urbano", la actividad corporativa de mi congregación. Lo asumí como un lugar de entrenamiento.
Te cuento un ejemplo personal. Mi personalidad es muy
para adentro, la introspección es mi deporte preferido. Un día me encontré con
un vecino que había sido rechazado por su familia en una situación que estaba
viviendo. Y el Espíritu me marcó esta situación y la necesidad de contrarrestar
esta herida con aceptación desinteresada. Y le dije algo así, luego de
escucharlo: “mirá, aunque vos no vengas nunca a la iglesia, nosotros te vamos a
ayudar.”
Y en este caso en particular, el y su familia están congregándose y aceptaron a Cristo como
su Salvador y Señor. Pero si así no hubiere sido, mi tarea no sería sin fruto,
pues el fin de mi tarea no es convencer, pues es responsabilidad del Espíritu (Juan 16:8). El
fin de mi tarea es hacer la Tarea.
Y, para cerrar, lo que iguala al evangelismo corporativo con el
evangelismo personal es el tiempo. Pues realmente no sabemos si nos vamos a
encontrar con nuestro compañero el día de mañana. El ayer no gobernamos, y el
mañana tampoco. Solo se nos delegó el hoy. Y hoy es el día de salvación (2 Corintios 6:2).

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