Pensaba reflexivamente acerca de Juan el Bautista.
Era de linaje sacerdotal y no sería improbable que, así como su padre, podría un día ser candidato a entrar al lugar Santísimo, cosa que muy pocos lograrían.
Bajo los concejos de su padre, seguro dispondría de ventajas a la hora de saber cómo moverse entre el complejo protocolo religioso, además de contar con el renombre de su estirpe, que le facilitaría las cosas.
Pero no, el eligió la Verdad. (Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo. (Marcos 1:8)
A veces buscamos una eternidad en la tierra, y la hay, pues Dios depositó esa eternidad en nuestros corazones, pero nosotros queremos la eternidad en cosas que tienen que morir para que perduremos en esta eternidad.
¿Complicado?, dejemos que las decisiones de Juan nos sigan ilustrando.
Su Ministerio tenía fecha de vencimiento, pero el propósito del Reino era eterno.
Realmente él era muy popular. Era usado para anunciar el Reino, para que se arrepientan, para que el pueblo de Dios prepare sus mentes para un cambio paradigmático. Como dijimos, el ya había sacrificado mucho. Pero lo hizo para ocuparse en trabajar en algo que debía morir.
Sabía que preparar camino a otro objetivo mayor, era su meta. Cuando el ministerio siguiente se activara, el suyo debía morir.
¿En qué se compara esto? En un padre que, en su fortaleza, cuida y prepara al hijo, tan solo para que el siga su camino, y así el padre pueda apagarse, ser cuidado por su hijo, y morir.
Tu ministerio es importante,así como tu función de evangelista personal en tu lugar de pesca, pero tan solo hasta que deje de serlo. Pues el Reino es más importante. Y un nuevo ministerio se desarrollará en la muerte del tuyo.
Que muera la semilla, y de mucho fruto.
Lo curioso, además, es que Juan era el Elías de la profecía. Ejemplo de paternidad espiritual y de duplicar el manto de la unción sobre el que hereda la tarea profética.
¿Y sabés que otro dejó todo hasta la muerte de su ministerio? Jesús.
Y sobre este ministerio tu vida fue sustentada, y en este sacrificio, aprendamos a entregar hasta la muerte nuestro trabajo en el Reino, siendo base para otro, que seguramente hará cosas mayores que nosotros. Y esa será nuestra corona.
NO DEFIENDAS LO QUE EL REY DESTINÓ A MORIR. Y DISFRUTÁ LA GRACIA DE VER EN OTROS MINISTERIOS LOS FRUTOS DEL TUYO.

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