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miércoles, 17 de septiembre de 2014

PAPI ( escrito cuando nació mi 2do hijo )


   Hace poco más de una semana, fui padre por segunda vez.
   Pude presenciar el parto, y me decían “papi, ponete esto”,“papi, parate acá”,“papi, andate ya.” Nunca una mujer, ni aún en mi juventud, ni aún mi mujer, me dijo tantas veces “papi”. Además era sentido, aunque la palabra “papi “ denota intimidad y confianza, con una distancia profesional obvia de parte de enfermeras y obstetras.
   Vi  como llevaron a mi bebé a medirlo, vacunarlo,y vestirle. Y mientras ultimaban la cirugía a mi mujer, en una cunita de acrílico estaba mi segundo gran tesoro. “vení papi, vos te quedas con tu bebé en la habitación”. Luego de nueve meses, por fin el primer momento a solas con mi hijo.
  Fueron dos días y dos noches en la clínica. Si salía a comprar algo, el de seguridad sabía que era el “papi“ de la habitación 201.
   Con todo nos dimos cuenta que se habían olvidado de ponerle la pulserita identificadora, sin la cual nadie podría sacarlo de la clínica, por un tema de seguridad (cosa por la cual elegimos esta maternidad). Se lo comunico a la enfermera y sin problemas se dispone a confeccionarle una identificación. Cuando leo, no está mi apellido, está el de la mamá. Al rato viene una enfermera a vacunarlo, y procede a hacerle un certificado, y aparece el nombre de mi nene pero con el apellido de la madre. Entendé que mi otro hijo ya tiene doce años y no me acordaba mucho de los por menores, y así le sucedía también a la madre.
   Hablamos esto con Gladys, mi amada, y nos preocuparon los posibles problemas futuros a la hora de anotarlo ante autoridades civiles.
   Por eso. cuando viene la pediatra a controlarlo, le pregunto acerca de esto. Y al responder me no se dirigió a mí diciendo “papi.” Me dijo:" hasta que no lo anotes como tu hijo y lo reconozcas, lo único que sabemos es que es hijo se esta mujer, por eso está , para todo, con el apellido de la mamá".
“Papi, papi, papi, papi” y mil veces “papi”. Nunca fue tantas veces repetida esta palabra, y tan vacía de significado.
   Pensé en Jesús, un niño que sorprendía a los maestros. Y cuando  su madre preocupada  le increpa por su ausencia, él le declara que atendía asuntos de su Padre. Pero  “…ellos no entendieron las palabras que les habló.” (Lc. 2:50)
  En el verso siguiente dice que,  “…estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
   Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” (Lc. 2:51-52)
   Para los únicos que tenía significado la palabra padre era para Jesús y para Dios. El resto mucho no entendían.
   Es más, Jesús, al no tener una certificación de su filiación, era hijo por fe.
   Pero un día, decidió cumplir con el bautismo, para cumplir con lo que es justo (Mr. 3:15 - NVI), Y el Espíritu, como una paloma descendió, y fue reconocido por su Padre con su voz diciendo, “este es mi Hijo amado”.
   En estos días estamos por anotarlo a mi nuevo heredero, y voy a reconocerlo ante las autoridades civiles. Lo que hizo el Padre fue eso. Reconocerlo públicamente. Y es lo que quiere hacer con nosotros.
   Pero preparate, porque si seguimos la comparación, veamos qué es lo que pasó.
   El mismo espíritu que se materializó en una paloma, lo guió… al desierto (no a ámbitos de gloria), para que el diablo lo sometiera a tentación. (Mt. 4:1).
   Las primeras dos tentaciones, justamente se refieren a su identidad, “si eres el hijo de Dios…” (Mt. 4:3 y 6).    Sabemos que el diablo es un mal tipo, que nos quiere destruir; pero según lo que leímos, Jesús fue enviado al desierto para que el enemigo haga su trabajo.
   Seguramente mi bebé no sabrá que soy su padre porque lo anote, o porque se lo diga a todo el mundo. El será probado como mi hijo, y cumpliré la función como su padre.
   Y cuando diga"papi", tendrá un verdadero significado (Mr. 14:36)
   Hoy sos hijo, pero es necesario que además de un reconocimiento mutuo, del Padre celestial y tuyo, algo debe confirmarlo.
    Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: « ¡*Abba!¡Padre!»  El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria. (Romanos 8:15-17 - NVI)*papito

                ¡¡¡“PAPI” AHORA SI TIENE SIGNIFICADO!!!



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