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jueves, 11 de septiembre de 2014

EVANGELISMO PERSONAL #1 : GUERRA DE GUERRILLAS

La guerra asimétrica es un conflicto violento donde existe una gran desproporción entre las fuerzas tanto militares como políticas de los bandos implicados, y que por lo tanto obliga a los bandos a utilizar medios fuera de la tradición militar común. Entre estos medios se cuenta la guerra de guerrillas, la resistencia, toda clase de terrorismo, la contrainsurgencia, el terrorismo de Estado, la guerra sucia o la desobediencia.
En la guerra asimétrica no existe un frente determinado, ni acciones militares convencionales. Por el contrario, se basa en combinación de acciones políticas y militares, implicación de la población civil y otras operaciones similares. (http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_asim%C3%A9trica)


La guerra de guerrillas es una táctica militar de conflictos armados, consistente en hostigar al enemigo en su propio terreno con destacamentos irregulares y mediante ataques rápidos y sorpresivos, infiltración e intercepción en las comunicaciones, voladura de instalaciones, puentes y caminos o captura de armas y provisiones. Es un tipo de guerra fundamentalmente táctico, que subordina todo al desgaste, por el cual la larga erosión de una guerra atomizada y dispersa, en la que es fundamental el arte de reunirse y dispersarse, puede conseguir un objetivo estratégico que una acción rápida no podría jamás conseguir. Henry Kissinger dijo al respecto que "un ejército pierde si no gana, una guerrilla gana si no pierde".
Así pues, este método de guerra se utiliza con frecuencia en situaciones de guerra asimétrica que, gracias a su movilidad, a su fácil dispersión en pequeños grupos y a su habilidad para desaparecer entre la población civil, resultan muy difíciles de neutralizar. (http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_guerrillas)


Si creemos que el predicar es una guerra, cosa que tomaremos como premisa, tendríamos que ver qué tipo de guerra la encuadra. En un enfrentamiento tradicional, veríamos dos fuerzas armadas midiendo fuerzas entre sí con una disciplina marcial similar.

Y comúnmente vemos, en la actividad evangelística a nivel personal, a guerreros solitarios que se confunden en medio de la civilidad que lo entorna.

¡Esto se asemeja más a una guerra de guerrillas!

El primer caso de evangelismo Bíblico, lo vemos entre los primeros discípulos de Jesús. Y es curioso que fuera en una ciudad llamada Betsaida, “ciudad de Andrés y Pedro”, de donde declara ser Felipe (Jn 1:44). Y Betsaida significa “casa o lugar de pesca”. Y lo curioso que el actor que más se destaca es Felipe, el único en la Biblia que fue llamado evangelista, pero eso es sólo una anécdota.

Juan el bautista tiró una bomba en medio de la población civil:


 “El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.
 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. (Vs 35-39)

Y fue el comienzo nada más, pues afectó a una ciudad (polis), empezando por un grupo de amigos, Andrés, Pedro, Felipe y Natanael.

Una ciudad sometida por el imperio Romano económica y políticamente. Una ciudad sojuzgada por la religiosidad estructural judía. Dos ejércitos imperiales. Un hombre extravagante en el desierto con un puñado de seguidores. El enfrentamiento es una guerra asimétrica, uno contra dos órdenes impuestos, el político y religioso, dos poderosos monstruos contra una voz en el desierto. Pero esa voz tiró la bomba en medio de la civilidad, “He aquí el Cordero de Dios.”

Hoy estás en tu lugar de pesca, y tenés dinamita (dynamos), poder para ser testigos, y si la detonamos, cambiaremos nuestro barrio y hasta nuestra ciudad. Y si te ven, no tenés nada que te identifique visiblemente como soldado, ni uniforme, ni galones. Y es porque es necesario que sea así. Uno más con poder delegado para cambiar realidades. Y vencer a este reino poderoso y organizado, las tinieblas.


  Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Apocalipsis 12:11 (RVR1960)

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