Ayer hablábamos con mi hijo mayor, Facu, de la
posibilidad de invitar a comer a sus líderes a casa. Son un matrimonio joven que
ella es medio vegana y el es absolutamente carnívoro. Una complicada tarea para
resolver. Pero con la información de sus gustos culinario algo haremos para
agasajarlos con todo.
Y si el invitado a comer es el Hijo de Dios, ¿qué le
prepararíamos?
»¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y
abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos. (Apocalipsis 3:20 -NTV)
El quiere compartir la mesa con vos, veamos si se nos
revela que deberíamos prepararle para agasajarlo.
Poco después, llegó una mujer samaritana a sacar agua, y Jesús le dijo:
—Por favor, dame un poco de agua para
beber. (Juan 4: 7 -NTV)
Jesús contestó:
—Si tan solo supieras el regalo que Dios tiene para ti y con quién estás hablando, tú me pedirías a mí, y yo te daría agua viva. (Juan 4: 10 -NTV)
Jesús contestó:
—Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed, pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna. (Juan 4: 13 - NTV)
Podemos inferir que si te ofrece ser un manantial, “será en él una fuente de agua”, como lo dice la RRV 1960, y previo a eso te pide agua, es que lo que brotará de dicha fuente, es lo que beberá nuestro Salvador. Y es sabido que esta conversación derivó en la máxima de la adoración, en Espíritu y en verdad. Por lo cual, concatenando razones, derivamos naturalmente que, la bebida a servirle, es: Adoración.
Me ha pasado, estar de visita en algún lugar, y que te ceben mates, pero que no habiliten ni un bizcochito. Una invasión de languidez y urgencias urinarias me invadieron.
¡No le daremos solamente bebida al Rey de Reyes!
Pero, ¿qué le cocinamos? ¿Cuál será su preferencia?
La mujer dejó su cántaro junto al pozo y volvió corriendo a la aldea mientras les decía a todos: « ¡Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho en mi vida! ¿No será este el Mesías?». Así que la gente salió de la aldea para verlo.
Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús: —Rabí, come algo.
Jesús les respondió: —Yo tengo una clase de alimento que ustedes no conocen.
« ¿Le habrá traído alguien de comer mientras nosotros no estábamos?», se preguntaban los discípulos unos a otros.
Entonces Jesús explicó: —Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra.

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